Más allá del título: un compromiso con la cultura de paz.
El pasado 12 de agosto, en Lima, Perú, la Dra. Evelyn Titania Fuentes Mérida presentó su nuevo libro, "Un roto para un descosido: sana tu historia para transformar tus relaciones", en el marco del II Congreso de Escritores Letras y Paz, organizado por la Escuela Creerlo. En este mismo escenario, la Federación para la Paz Universal (UPF) le otorgó el nombramiento internacional como Embajadora de la Paz, una distinción que representa un compromiso renovado con la construcción de una sociedad más justa, consciente y solidaria.
Lejos de interpretarse como un logro estático o un adorno institucional, este reconocimiento adquiere su verdadero valor al traducirse en trabajo cotidiano. Hablar de una cultura de paz no puede limitarse al discurso ni a la fotografía para el recuerdo; exige congruencia, empatía y una práctica social constante.
Este nombramiento cobra especial relevancia ante el panorama que enfrenta América Latina. La región atraviesa momentos complejos marcados por la violencia comunitaria, el crimen organizado, la desigualdad estructural y una creciente polarización social. Ante esta realidad, la paz deja de ser una aspiración romántica para convertirse en una urgencia colectiva que exige la participación activa tanto de las instituciones como de la ciudadanía.
En este escenario, construir la paz implica empezar por la propia conciencia: revisar cómo nos relacionamos en lo personal, en la familia y en la comunidad. La educación emocional, la resolución de conflictos mediante el diálogo y la formación en valores se transforman así en herramientas indispensables para prevenir las violencias cotidianas y recomponer el tejido social.
Para la Dra. Evelyn Fuentes, esta distinción no marca una meta alcanzada, sino la reafirmación de una ruta de trabajo. En una ciudad diversa y fronteriza como Tapachula, donde convergen múltiples realidades culturales y migratorias de la región, promover la paz significa reconocer el valor del otro, fomentar la solidaridad y asumir que el bienestar común es una responsabilidad compartida.
El verdadero significado de ser Embajadora de la Paz radica en la capacidad de impactar la vida cotidiana. La paz no se edifica solo en los grandes foros internacionales; se gesta en los hogares, las aulas, las organizaciones y en cada espacio donde se elige actuar con respeto y madurez emocional.
El trabajo continúa bajo una convicción clara: la paz no se nombra; se vive, se cultiva y se convierte en legado para las presentes y futuras generaciones.
