SOMOS VÍNCULOS

Gracias a las relaciones existimos. Desde el primer momento de nuestras vidas nos

relacionamos, en este caso, con mamá. Sin la persona de enfrente, no podríamos experimentar

todas nuestras vicisitudes. Cuando nos relacionamos, ponemos en práctica nuestras

contradicciones, y tenemos la oportunidad de aprender de nuestros errores. Si somos lo

suficientemente humildes para aceptar nuestros defectos, sabemos que la persona con la que

nos relacionamos nos activa algo que tenemos dentro, muchas veces tapado por el ego.

Por más escépticos que seamos, no podemos evitar darnos cuenta de que las personas que

llegan a nuestra vida, tienen una conexión aparentemente casual, como una serendipia. En

realidad atraemos a personas que nos muestran lo oculto en nosotros. Vamos buscando

relacionarnos con otros, sin embargo, si profundizamos, nos damos cuenta de que en realidad

estamos buscando relacionarnos con nosotros mismos. La otra persona refleja lo que no nos

atrevemos a ver.

Somos vínculos, la suma de todas las experiencias vividas y compartidas con otros, pero no

tenemos claro que nos lleva a relacionarnos con ciertas personas. Lo que no se puede negar

es que, ninguno somos capaces de sobrevivir solos, siempre hemos de necesitar a otros para

navegar. He ahí la importancia de nuestras relaciones, las que nos van forjando el camino. Lo

difícil de las relaciones es que nos muestran que no somos perfectos, que estamos

fragmentados, que nos equivocamos y que no somos seres únicos y especiales, sino seres

llenos de contradicciones. Para esto, tenemos la magia implícita en la relación... la capacidad

de descubrir el propósito de ella. Entonces, nos transformamos.

Es un hecho que la transformación por medio de nuestras relaciones se da para bien o para

mal. Aunque la negativa es más notoria, pues el ser humano suele aprender mejor por medio

de la oscuridad que de la luz, por medio del sufrimiento que de la alegría. Si fuésemos felices

todo el tiempo, no voltearíamos a ver en qué tenemos que mejorar, porque normalizaríamos

conductas. Existen muchas corrientes que han intentado llegar al meollo del asunto, aunque

hasta el día de hoy no conocemos a ciencia exacta el porqué hacemos o decidimos ciertas

cosas en cuanto a relacionarnos. Lo que sí podemos percibir, aunque sea de manera sutil, es

que nos sumergimos en patrones conocidos desde nuestra infancia, y esto puede ser tanto

beneficioso como perjudicial.

¿Cómo podemos relacionarnos mejor? Empecemos por lo básico, a ver nuestras relaciones

como un camino hacia uno mismo, como experiencias que nos forjan, nos mejoran y nos

contribuyen. Dejemos de ver a los otros como bote de basura emocional, verdugos o jueces.

Hagámonos cargo de nuestra propia mochila y dejemos de cargarla a los demás. Y sobre todo,

empecemos a ser felices por nosotros mismos, para no buscar la felicidad en los demás, sino

solo compartirla.

Veronica E.

@El.Vitral