Cuando la memoria habita el territorio
La reciente convocatoria emitida por el H. Ayuntamiento de Tapachula para otorgar la MedaIla Fray Matías de Córdova representa una iniciativa que merece ser reconocida. El esfuerzo impulsado por el presidente municipal, Lic. Yamil Melgar Bravo, abre una oportunidad para valorar públicamente a mujeres y hombres cuya trayectoria ha contribuido al desarrollo de nuestra ciudad desde ámbitos tan diversos como la educación, la ciencia, la cultura, el deporte, la protección del medio ambiente o el servicio público. Desde este espacio nos sumamos al llamado y exhortamos para que instituciones educativas, organizaciones sociales, colegios de profesionistas y ciudadanía en general participen activamente proponiendo perfiles que enriquezcan este reconocimiento. Una ciudad que honra a quienes han contribuido a su desarrollo también fortalece el sentido de pertenencia de las nuevas generaciones. Sin embargo, quizá esta iniciativa nos invita a plantear una reflexión todavía más profunda.
¿Y si la memoria dejara de habitar únicamente las ceremonias y comenzara también a habitar la ciudad?
A menudo damos por hecho que preservar la memoria consiste en colocar una placa, organizar un homenaje o entregar una medalla. Todas ellas son acciones muy valiosas, pero insuficientes si permanecen confinadas al ámbito institucional y no permean hacia la comunidad sin generarle algún sentido al ciudadano común. Sí, la memoria colectiva necesita hacerse visible y tangible; requiere palparse en los lugares donde transcurre la vida cotidiana. Porque las ciudades también transmiten enseñanza de lo que fue, de lo que es y muestran el rumbo por el cual están transitando, de tal forma que sus habitantes conocen y valoran su territorio, lo respetan aún más y se crea un vínculo identitario, intangible, pero fuerte. Por otro lado, las ciudades se vuelven más didácticas ante los ojos de quienes únicamente están de paso. Las ciudades hablan, murmuran, gritan; tocan a quienes las habitan y visitan a través de los nombres de sus calles, de sus parques, plazas y edificios; a través de sus espacios llenos y vacíos; a través de su clima, de su biodiversidad, de sus sombras, de sus soles... de sus lunas. Nombrar un espacio público también es una forma de escribir la historia de una ciudad.
Diversas ciudades han entendido este principio. En la Ciudad de México, por ejemplo, la recién renombrada Calzada México-Tenochtitlan, el 19 de agosto de 2021, anteriormente llamada "Avenida Puente de Alvarado", refleja una nueva lectura de su historia con un motivo muy valioso: conmemorar los 500 años de resistencia indígena. En Nueva York, calles y avenidas honran a figuras como Muhammad Ali o Ruth Bader Ginsburg. Barcelona, por su parte, ha impulsado la incorporación de científicos, artistas y mujeres destacadas a la nomenclatura urbana como parte de una política permanente de memoria e identidad.
Tapachula podría recorrer un camino similar desde su propia historia. Nombrar calles con el nombre de personajes ilustres tapachultecos, parques dedicados a educadores, científicos, artistas o promotores sociales de nuestra región y espacios públicos que narren sus aportaciones permitiría que el homenaje fuera de mayor trascendencia, duración y orgullo para sus ciudadanos. Esto significa incorporar la memoria al territorio y convertirla en parte de la experiencia cotidiana de quienes habitamos la ciudad.
"Cuando la memoria ocupa el espacio público deja de ser un recuerdo reservado para unos cuantos. Se convierte en una conversación permanente entre la ciudad y sus habitantes.
"Quizá ahí radique el mayor valor de iniciativas como la "Medalla Fray Matías de Córdova": además de reconocer trayectorias ejemplares, abrir la posibilidad de preguntarnos cómo queremos recordar y de qué manera deseamos que las futuras generaciones vivan los espacios que recorremos todos los días, quizá a través de las historias que hacen a Tapachula una ciudad auténtica y valiosa. "Una ciudad con memoria no vive únicamente de su pasado. Construye, desde él, las bases de su futuro.
"Hacer ciudad es, en esencia, hacer comunidad". Y hacer comunidad implica asumir la responsabilidad compartida de construir un futuro más justo, más digno y, sobre todo, más nuestro.
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Arq. Bernabé Alejandro Constantino Corzo
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